{"id":1742,"date":"2025-11-02T01:21:26","date_gmt":"2025-11-02T01:21:26","guid":{"rendered":"https:\/\/larevistainka.info\/?p=1742"},"modified":"2025-11-02T01:21:26","modified_gmt":"2025-11-02T01:21:26","slug":"cartas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/larevistainka.info\/?p=1742","title":{"rendered":"Cartas"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p><em>\u201cBuenos Aires, 22 de enero de 1958. Querida familia: Espero que al recibo de la presente se encuentren todos en perfecto estado de salud. Yo, por mi parte, estoy bien, gracias de Dios\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Como todo g\u00e9nero literario, las cartas ten\u00edan su propia ret\u00f3rica que pod\u00eda llegar al estereotipo. Sin embargo, siempre algo vivo palpitaba en ellas, desde la caligraf\u00eda que permit\u00eda conjeturar el estado de \u00e1nimo a la premura o la morosidad con que hab\u00edan sido escritas, hasta la saliva que cerraba el sobre en un acto que iba de lo asqueroso a lo lascivo, seg\u00fan se lo quiera ver. Lo cierto es que antes de la aparici\u00f3n del mail, mandar algo tan \u00edntimo como bacterias bucales por correo era un acto tan com\u00fan como respirar. No era agradable pasar la lengua por el pegote del sobre, pero val\u00eda la pena porque achicaba las distancias que en esa \u00e9poca eran mucho m\u00e1s largas que ahora, en que los medios de comunicaci\u00f3n han encogido el mundo.<\/p>\n<p>En <em>Boquitas pintadas<\/em> de Manuel Puig, Nen\u00e9 le escribe a do\u00f1a Leonor, la madre de Juan Carlos, quien fuera el amor de su vida. En una de esas cartas hace alusi\u00f3n a otras: las cartas que intercambi\u00f3 con \u00e9l cuando eran novios: \u201cYo las ten\u00eda atadas con una cinta celeste, porque eran cartas de un muchacho, \u00e9l cuando me devolvi\u00f3 las m\u00edas estaban sueltas en un sobre grande, yo me enoj\u00e9 tanto porque no estaban atadas con una cinta rosa como se lo hab\u00eda pedido cuando todav\u00eda habl\u00e1bamos, mire a las cosas que una le daba importancia\u201d.<\/p>\n<p>Las cartas impon\u00edan sus propios rituales, demandaban lo que demandan todas las cosas tangibles: hacer algo con ellas, ya sea tirarlas, conservarlas de alguna forma apropiada o enviarlas al limbo de los objetos sin clasificar que hay en todo lugar de cada casa. Si se eleg\u00eda esta \u00faltima opci\u00f3n, era posible que alguna vez, junto a una aspiradora en desuso y un velador desportillado, encontr\u00e1ramos una carta viej\u00edsima que nos trajera olvidadas noticias del pasado a veces es m\u00e1s pr\u00f3digo en novedades que el futuro mismo. Los mails se evaporan y vuelven a la nada de la que salieron con s\u00f3lo apretar una tecla. La carta, en cambio, persist\u00eda e insist\u00eda en volver a decirnos lo ya dicho, como los viejos para los que el pasado es su verdadera patria, mientras el presente es una acuarela acuosa que se desvanece de inmediato. Quienes guarden un manojo de cartas viejas comprobar\u00e1n que, como nos sucede a los humanos, la piel se les va poniendo amarilla y se les mancha de grandes pecas pardas, los pliegues del doblado son irreversibles e intensos, la tinta se aclara como si siguiera un lento proceso de desaparici\u00f3n para convertirse, finalmente, en fantasma. S\u00f3lo la caligraf\u00eda insiste en seguir siendo lo que fue como si el car\u00e1cter de la escritura, igual que el de los humanos, fuera inmune al paso del tiempo.<\/p>\n<p>Yo conservo algunas cartas de mi bisabuelo del a\u00f1o 1890. Cada vez que las releo me queda en las manos un leve polvillo como de ala de mariposa que me recuerda la sentencia \u201cpolvo eres y al polvo volver\u00e1s\u201d y tambi\u00e9n esa joya de la palabra que es el poema de Don Francisco de Quevedo \u00abAmor constante m\u00e1s all\u00e1 de la muerte\u00bb cuando dice refiri\u00e9ndose a su alma y a su cuerpo convertidos en ceniza que \u201cpolvo ser\u00e1n, mas polvo enamorado\u201d.<\/p>\n<p>Esas cartas de mi bisabuelo fueron escritas a mi bisabuela desde la c\u00e1rcel. Fue precisamente por ellas que me enter\u00e9 de que hab\u00eda estado preso en una c\u00e1rcel de La Plata por haber participado de la Revoluci\u00f3n de 1890, tambi\u00e9n conocida como Revoluci\u00f3n del Parque, un levantamiento contra el gobierno corrupto de Ju\u00e1rez Celman, art\u00edfice, seg\u00fan Felipe Pigna, del primer corralito de la historia argentina. Me dio orgullo saber que hab\u00eda estado del lado de los insurrectos. Pertenezco a una generaci\u00f3n para la que la rebeld\u00eda era una virtud. En esas cartas alentaba a su mujer con su inminente libertad que no pasar\u00eda de unos pocos d\u00edas. Sin embargo consigna en una de ellas: \u201chace ya tres meses que estamos presos\u201d. No s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo permaneci\u00f3 en prisi\u00f3n porque esas cartas est\u00e1n incompletas y ya no tengo en la familia a qui\u00e9n preguntarle, pero hay un dato que me dice que no fue poco tiempo. Mi bisabuelo era, seg\u00fan las pocas fotos que conservo, un hombre fiero, de sombrero panam\u00e1 y chaleco. Sus rasgos revelaban un innegable ascendente pampa y su figura exudaba una expl\u00edcita virilidad del siglo XIX.<\/p>\n<p>Sin embargo, no le daba verg\u00fcenza confesar que entre sus obligaciones de preso figuraba el tejido. Por el contrario, parec\u00eda hacerlo con gusto: \u201cQuerida Francisca: Te dec\u00eda en mi anterior que hab\u00eda aprendido a tejer y que estaba haciendo un pa\u00f1uelo de lana y seda para Maricota y que despu\u00e9s har\u00e9 otros para ti, Chavela y Adelita\u201d. En otras cartas alude a cuestiones de la vida dom\u00e9stica de las que su condici\u00f3n de preso no le permit\u00eda participar: \u201cNo me has dado noticias completas de las aves, pollos y conejos. Es bueno conservar muchos de los conejos para cr\u00eda. Deseo saber qu\u00e9 tipo de pollos han salido. Si son iguales a los padres\u00bb. Firmaba \u201cTuyo, Paulino\u201d. Quiz\u00e1 formara parte de la ret\u00f3rica epistolar de la \u00e9poca, pero ese posesivo referido a \u00e9l mismo, no deja de emocionarme.<\/p>\n<p>Ni eleg\u00eda, ni r\u00e9quiem, ni nost\u00e1lgica evocaci\u00f3n de los tiempos idos, estas palabras son m\u00e1s bien un homenaje a las cartas que guardan una memoria imborrable a menos que se las destruya, una memoria que no necesita de expertos en computaci\u00f3n para ser recuperada, una memoria precariamente registrada con tinta y papel y tan modesta que nos permite guardar retazos del pasado en una caja de cart\u00f3n. Espero que al recibo de esta contratapa se encuentren en perfecto estado de salud. Yo bien, gracias a Dios.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p><script>\n!function(f,b,e,v,n,t,s)\n{if(f.fbq)return;n=f.fbq=function(){n.callMethod?\nn.callMethod.apply(n,arguments):n.queue.push(arguments)};\nif(!f._fbq)f._fbq=n;n.push=n;n.loaded=!0;n.version='2.0';\nn.queue=[];t=b.createElement(e);t.async=!0;\nt.src=v;s=b.getElementsByTagName(e)[0];\ns.parentNode.insertBefore(t,s)}(window, document,'script',\n'https:\/\/connect.facebook.net\/en_US\/fbevents.js');\nfbq('init', '793616368409636');\nfbq('track', 'PageView');\n<\/script><br \/>\n<br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cBuenos Aires, 22 de enero de 1958. Querida familia: Espero que al recibo de la presente se encuentren todos en perfecto estado de salud. 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