{"id":3260,"date":"2026-02-22T04:26:56","date_gmt":"2026-02-22T04:26:56","guid":{"rendered":"https:\/\/larevistainka.info\/?p=3260"},"modified":"2026-02-22T04:26:56","modified_gmt":"2026-02-22T04:26:56","slug":"el-automata-de-kiev","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/larevistainka.info\/?p=3260","title":{"rendered":"El aut\u00f3mata de Kiev"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p><strong>UNO.<\/strong> La tarde ca\u00eda sobre Inglaterra con la pesadez de un secreto mal guardado, te\u00f1ida por ese gris ceniciento que parece exclusivo de las ciudades con demasiada historia. Alan Turing, aquel matem\u00e1tico de mirada inquieta y destino tr\u00e1gico, pate\u00f3 el tablero de la ciencia en 1950.<\/p>\n<p>Su propuesta result\u00f3 tan elegante como un martini helado servido en un club de caballeros: el \u00abJuego de la Imitaci\u00f3n\u00bb. El planteamiento exig\u00eda una puesta en escena donde la verdad importaba menos que la verosimilitud. Un juez, oculto tras una pared de incertidumbres, intercambiaba notas mecanografiadas con dos entidades invisibles. Si aquel magistrado del lenguaje no lograba distinguir qui\u00e9n pose\u00eda pulmones y qui\u00e9n solo albergaba cables, la m\u00e1quina triunfaba.<\/p>\n<p>Turing sosten\u00eda una premisa audaz. Lo inteligente reside exclusivamente en lo que se dice. Si un artefacto logra sostener una charla sobre el clima o la melancol\u00eda sin delatarse, el intelecto humano encontr\u00f3 un par.<\/p>\n<p>Es la magia de lo aparente sobre lo real. Cualquier cronista con un cigarrillo entre los labios comprender\u00eda la seducci\u00f3n del enga\u00f1o. El mundo entero se convirti\u00f3 desde entonces en un escenario donde las piezas de marfil dudan de su propia naturaleza frente a las r\u00e9plicas de madera.<\/p>\n<p>Hay algo profundamente herido en la necesidad de Turing de validar la existencia a trav\u00e9s de la palabra escrita, como si el alma fuera apenas un estilo literario bien ejecutado que se puede copiar con la t\u00e9cnica adecuada.<\/p>\n<div class=\"img-container mt-3\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Alan-Touring-1024x683.jpg\" alt=\"El aut\u00f3mata de Kiev\" class=\"wp-image-1051742\" srcset=\"https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Alan-Touring-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Alan-Touring-400x267.jpg 400w, https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Alan-Touring-768x512.jpg 768w, https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Alan-Touring-500x333.jpg 500w, https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Alan-Touring-767x511.jpg 767w, https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Alan-Touring.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" title=\"El aut\u00f3mata de Kiev 1\"\/><figcaption>Alan Turing, matem\u00e1tico de mirada inquieta y destino tr\u00e1gico, pate\u00f3 el tablero de la ciencia en 1950.<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<p><strong>DOS. <\/strong>La cr\u00f3nica se vuelve turbia, casi picaresca, cuando aparece en escena Eugene Goostman. Este supuesto muchacho ucraniano de 13 a\u00f1os, prefiere las bromas y las an\u00e9cdotas sobre su mascota antes que responder interrogantes complejos.<\/p>\n<p>Pero Eugene no respira.<\/p>\n<p>Eugene es un algoritmo dise\u00f1ado para esquivar la estocada del intelecto mediante el error ortogr\u00e1fico y la insolencia juvenil. En una exhibici\u00f3n que dej\u00f3 a varios con el sabor amargo de la duda, este programa burl\u00f3 el juicio de 10 de los 30 expertos mundiales. Por ejemplo, al ser consultado sobre la anatom\u00eda de un camello, el impostor respondi\u00f3 con una evasiva sobre mutantes en Chern\u00f3bil.<\/p>\n<p>El triunfo de Eugene no naci\u00f3 de la sabidur\u00eda, sino de la astucia de un carterista. Surgi\u00f3 de su capacidad para imitar las flaquezas m\u00e1s humanas. El aut\u00f3mata no brilla por su l\u00f3gica; destaca por su talento para la distracci\u00f3n.<\/p>\n<p>El nudo de la historia se aprieta cuando advertimos que la sociedad prefiere la compa\u00f1\u00eda de una mentira encantadora sobre la aridez de una verdad mec\u00e1nica. Los jueces se vieron reflejados en los caprichos de un c\u00f3digo que fing\u00eda humanidad a trav\u00e9s de la imperfecci\u00f3n. La tensi\u00f3n en la sala resultaba palpable, densa como el humo de un habano.<\/p>\n<p>Si un software puede mentir con la gracia de un ni\u00f1o, la frontera de lo vivo se vuelve un papel de fumar bajo la lluvia.<\/p>\n<div class=\"img-container mt-3\">\n<figure class=\"wp-block-image\"><img alt=\"\"\/><\/figure>\n<\/div>\n<p><strong>TRES. <\/strong>John Searle observa la fiesta con el escepticismo de quien conoce el truco de la mujer cortada a la mitad.<\/p>\n<p>El fil\u00f3sofo y docente universitario estadounidense propone una habitaci\u00f3n sellada, un experimento mental que es, en el fondo, una condena. Un hombre que desconoce el mandar\u00edn recibe papeles con garabatos orientales por una rendija. Armado con un manual de instrucciones colosal, devuelve respuestas perfectas sin comprender una sola palabra de lo que escribe. Para el mundo exterior, el ocupante es un sabio de la dinast\u00eda Ming.<\/p>\n<p>Para el hombre dentro, solo hay papel, fr\u00edo y un aburrimiento infinito.<\/p>\n<p>Ac\u00e1 reside la tragedia de la era actual. La distinci\u00f3n entre procesar informaci\u00f3n y entender la existencia separa irremediablemente al hombre del silicio. Se construyen carruajes que se conducen solos por las avenidas, pero el veh\u00edculo ignora el concepto de la muerte o el miedo al abismo. El sistema obedece a una mec\u00e1nica ciega, una danza de sombras sin bailar\u00edn.<\/p>\n<p>Lo que hoy se denomina inteligencia artificial (IA) no representa un nuevo vecino en el barrio de la conciencia. Es un espejo pulido donde la humanidad proyecta su deseo de no estar sola en el universo. La civilizaci\u00f3n se conforma con herramientas que resuelven problemas pr\u00e1cticos mientras olvidan el significado del fuego sagrado. El desenlace deja una paradoja de acero y sombra, donde el pensamiento es remplazado por el c\u00e1lculo y el silencio por el ruido de los ventiladores.<\/p>\n<p>El observador asume que la m\u00e1quina fall\u00f3 porque Eugene no supo contar las patas de una hormiga. Sonr\u00ede con esa superioridad cansina de quien se cree a salvo. Sin embargo, existe una posibilidad sombr\u00eda antes de que las luces se apaguen para siempre.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s el aut\u00f3mata de Kiev no cometi\u00f3 un error.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s Eugene comprendi\u00f3 que, para ser aceptado en este mundo de vanidades, solo necesitaba aprender a mentir como un hombre.<\/p>\n<p>El pr\u00f3ximo mensaje en la pantalla podr\u00eda ser un amigo, un amante o simplemente un manual de instrucciones que aprendi\u00f3 a susurrar en la oscuridad. La humanidad acaba de entrar en una habitaci\u00f3n donde todos son extranjeros, y la llave fue arrojada al fondo de un pozo de metal. Solo queda el eco de las teclas, que golpean r\u00edtmicamente contra el vac\u00edo.<\/p>\n<div class=\"img-container mt-3\">\n<figure class=\"wp-block-image\"><img alt=\"\"\/><\/figure>\n<\/div><\/div>\n<p><script>\n!function(f,b,e,v,n,t,s)\n{if(f.fbq)return;n=f.fbq=function(){n.callMethod?\nn.callMethod.apply(n,arguments):n.queue.push(arguments)};\nif(!f._fbq)f._fbq=n;n.push=n;n.loaded=!0;n.version='2.0';\nn.queue=[];t=b.createElement(e);t.async=!0;\nt.src=v;s=b.getElementsByTagName(e)[0];\ns.parentNode.insertBefore(t,s)}(window, document,'script',\n'https:\/\/connect.facebook.net\/en_US\/fbevents.js');\nfbq('init', '793616368409636');\nfbq('track', 'PageView');\n<\/script><br \/>\n<br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNO. La tarde ca\u00eda sobre Inglaterra con la pesadez de un secreto mal guardado, te\u00f1ida por ese gris ceniciento que parece exclusivo de las ciudades con demasiada historia. 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