{"id":685,"date":"2025-07-30T01:51:08","date_gmt":"2025-07-30T01:51:08","guid":{"rendered":"https:\/\/larevistainka.info\/?p=685"},"modified":"2025-07-30T01:51:08","modified_gmt":"2025-07-30T01:51:08","slug":"la-inteligencia-artificial-y-el-cuento-de-las-buenas-noches","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/larevistainka.info\/?p=685","title":{"rendered":"La inteligencia artificial y el cuento de las buenas noches"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p><em>Las [m\u00e1quinas] est\u00e1n inquietantemente vivas y, nosotros, aterradoramente inertes.<\/em><\/p>\n<p><em>Manifiesto Cyborg <\/em>\u00a0<em>(1984) de Donna Haraway<\/em><\/p>\n<p>Mam\u00e1 llegaba cansada de la repartici\u00f3n municipal. M\u00e1s cuando volv\u00eda de la recorrida como inspectora de espect\u00e1culos, entre orgullosa y cabizbaja por no haber aceptado coimas de los encargados de cines, boliches y teatros para que hiciera la vista gorda de permisos vencidos o de alguna marquesina fuera de regla. Contaba alguna an\u00e9cdota, pero no cuentos antes de ir a dormir. Ten\u00eda otros modos de estar cerca de nosotros, incluso fuera de casa.<\/p>\n<p>Durante a\u00f1os tom\u00e9 por costumbre el cuento de las buenas noches, ritual previsible de todo profe de literatura. Un d\u00eda los cuentos del anaquel se acaban. Ese d\u00eda este padre recurre a la versi\u00f3n de los cl\u00e1sicos de Occidente, solo de esos nada m\u00e1s, porque en mi formaci\u00f3n escolar y universitaria, esa que desando con estudiantes en lecturas de <em>epew<\/em> mapuches y leyendas guaran\u00edes, nunca le\u00edmos otra cosa que no fuera tradici\u00f3n literaria occidental.<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\">[1]<\/a><\/p>\n<p>Agotadas las historias a mano, recurr\u00ed a mi biblioteca y relat\u00e9 a mi hija mayor, con nombre prestado de Proust y de una de las mejores cineastas argentinas, mi versi\u00f3n de la <em>Odisea<\/em>, <em>El bar\u00f3n rampante<\/em>, <em>El Quijote<\/em> y de otros cl\u00e1sicos que en su mayor\u00eda no eran para su edad, aunque como grandes obras de la literatura, lo eran. Contaba historias a las que ten\u00eda ganas de volver y con un tiro mataba dos p\u00e1jaros al contagiar el amor a la literatura.<\/p>\n<p>Una noche Albertina me propuso un desaf\u00edo, narrarle una historia con personajes aleatorios elegidos al azar. Una noche eran de la partida <em>Pepa Pig<\/em>, Zamba y una de <em>Las chica superpoderosas<\/em>; la siguiente, <em>La Doctora juguetes,<\/em> Juan Manuel de Rosas y Maxi, uno de los conductores de \u201cListo el pollo\u201d, un programa de <em>Paka-Paka<\/em>. Nuestros hijos a\u00fan ve\u00edan televisi\u00f3n, y aprend\u00edan historia argentina y el amor a la Patria de dibujitos animados y de documentales de media hora del canal <em>Encuentro<\/em>. La atenci\u00f3n pronto se redujo a un <em>Reel<\/em> y al v\u00e9rtigo de un <em>Youtuber <\/em>enchufado a 220, y la posibilidad de toparse con programas hechos en nuestro terru\u00f1o, a excepci\u00f3n de alguna tarea escolar, pr\u00e1cticamente desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Era divertido contar cuentos con personajes de lo m\u00e1s dispares, pero tambi\u00e9n un esfuerzo creativo y de lazo. \u00bfDe d\u00f3nde sacaba yo las peripecias, sino del arsenal de relatos que, vaya a saber c\u00f3mo, se hab\u00eda guardado en mi memoria? Todo sal\u00eda de lo que me une a otras generaciones, de libros como<em> Pinocho<\/em> y<em> La historia interminable<\/em>, de cuyos subrayados sal\u00edan los cuentos de las buenas noches que le cont\u00e9 a Emilia, mi hija menor, cuando, a su debido tiempo, los libros de su biblioteca tambi\u00e9n se agotaron.<\/p>\n<p>El mismo desaf\u00edo tuvo Diego Fern\u00e1ndez Slezac, Doctor en ciencias de la computaci\u00f3n. Sus hijos, de tres, seis y diez a\u00f1os, seg\u00fan cont\u00f3, hijos tambi\u00e9n de una \u00e9poca que dej\u00f3 languidecer la producci\u00f3n audiovisual del pa\u00eds, le propusieron un men\u00fa con color global antes que local: un <em>Pony<\/em> volador, Messi levantando la copa y Woody de <em>Toy Story<\/em>.<\/p>\n<p>Como buen especialista en programas inform\u00e1ticos que reemplazan el trabajo humano y tambi\u00e9n en neurociencias, ante el pedido, mellvilianamente, Slezac prefiri\u00f3 no hacerlo, no relatar el cuento, sino ped\u00edrselo a la inteligencia artificial, reemplazo de cajeras, enfermeras, traductoras, contadores, programadores, docentes particulares, y bien se ve, de narradores orales.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Slezac relata a Eduardo Aliverti en una entrevista de 2024, el <em>Chat GPT<\/em>, entre otras gracias, nos da la posibilidad de escuchar el relato que nos piden nuestros hijos, hoy \u201ca lo Cort\u00e1zar\u201d, ma\u00f1ana \u201ca lo Lovecraft\u201d. Un alivio tener menos trabajo por hacer y, de yapa, con estilo regalado. Mejor, imposible.<\/p>\n<p>Lo que no dijo Slezac es que quien narra ya no somos nosotros, con defectos y virtudes, puente fr\u00e1gil entre nuestra generaci\u00f3n y la siguiente. Mi resoluci\u00f3n al desaf\u00edo de mi hija seguro hab\u00eda sido m\u00e1s pobre en peripecias y mi relato m\u00e1s moroso que el del Chat GPT. Tomaba tiempo pensar qu\u00e9 ligar\u00eda a uno y otro personaje, y c\u00f3mo hacerlo entretenido y hasta aleccionador. Pero lo que yo perd\u00eda en v\u00e9rtigo y en gracia, incluso, lo ganaba en un acto, habitual en toda aula, v\u00e1lido en la trasmisi\u00f3n de la cultura.<\/p>\n<p>No lo recuerdo, desde ya, pero en mi relato, seguro, habr\u00eda experiencia acumulada, no s\u00f3lo de lecturas pasadas, sino tambi\u00e9n de recuerdos de infancia y hasta de sue\u00f1os o pesadillas que creer\u00eda bueno compartir con mis hijas. Cab\u00eda tambi\u00e9n la evocaci\u00f3n de vivencias con ellas, otro modo de fortalecer nuestro v\u00ednculo. Pero, adem\u00e1s, cab\u00eda en mi cuento lo indeterminado que surge cuando, como en una clase, encontramos lo que no hab\u00edamos buscado. Mi imaginaci\u00f3n hac\u00eda que la historia tomara una deriva impensada que hasta me dar\u00eda una lecci\u00f3n, lo cual no hab\u00eda sido planeado tampoco.<\/p>\n<div class=\"img-container mt-3\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/web-inteligencia-artificial-con-humanos-credito-freepik-1024x683.jpg\" alt=\"La inteligencia artificial y el cuento de las buenas noches\" class=\"wp-image-610300\" srcset=\"https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/web-inteligencia-artificial-con-humanos-credito-freepik-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/web-inteligencia-artificial-con-humanos-credito-freepik-400x267.jpg 400w, https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/web-inteligencia-artificial-con-humanos-credito-freepik-768x512.jpg 768w, https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/web-inteligencia-artificial-con-humanos-credito-freepik-767x511.jpg 767w, https:\/\/www.tiempoar.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/06\/web-inteligencia-artificial-con-humanos-credito-freepik.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" title=\"La inteligencia artificial y el cuento de las buenas noches 1\"\/><\/figure>\n<\/div>\n<p>Es decir, ese relato, que ten\u00eda mucho de m\u00ed sin que lo supiera, no era solo transmisi\u00f3n, sino tambi\u00e9n descubrimiento y aprendizaje, incluso para m\u00ed. Por \u00faltimo, si hab\u00eda hecho referencias a pel\u00edculas, programas televisivos y an\u00e9cdotas que cre\u00eda familiares para ellas, se pon\u00eda en juego cu\u00e1nto las conoc\u00eda tambi\u00e9n, cu\u00e1nta atenci\u00f3n les hab\u00eda prestado hasta ese d\u00eda en que me pidieron un cuento. En resumen, hab\u00eda en el acto de narrar algo que les legaba sin darme cuenta, algo que me define y es imposible de hallar en la red.<\/p>\n<p>Slezac hizo de replicante. Repiti\u00f3 lo dictado por el Chat GPT. Ley\u00f3 sin pensar del modo en que compartimos memes y videos pavotes. Nadie not\u00f3 su ausencia. Las escenas previsibles que un\u00edan a Messi, al Pony y a Woody, no les parecieron aburridas. No lo eran. El relato plano e impersonal que escucharon los cuatro \u2013id\u00e9ntico al que recibe un padre filipino, ruso o colombiano que pruebe con la misma solicitud\u2013 no desenton\u00f3 con lo que cada quien hab\u00eda escuchado en su jornada. Es que, en este tiempo cada d\u00eda m\u00e1s gobernado por m\u00e1quinas, todo se vuelve homog\u00e9neo y f\u00e1cilmente asequible. Todos se fueron a dormir chochos de la vida y la T\u00e9cnica, que ofrece soluciones uniformes que nos vuelven prescindibles, m\u00e1s que ninguno.<\/p>\n<p>Este investigador del CONICET, de puro especialista, en su entusiasta relato radial, olvid\u00f3 decir que la cultura, seg\u00fan ense\u00f1aron Ernst J\u00fcnger, Lewis Munford y Christian Ferrer, entre otros, no hace buenas migas con una T\u00e9cnica, que, de un tiempo a esta parte, es menos su aliada que su enemiga. Si una tecnolog\u00eda es \u00fatil \u2013la rueda o el tel\u00e9grafo, el bordado o la escritura\u2013, debe serlo <em>para sostener la cultura<\/em>, no para hacer de ella una tabula rasa y de nosotros seres in\u00fatiles<a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\">[2]<\/a> y, como en el caso de Slezac, sin \u00e1nimo de pasar la palabra.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Paula Sibilia, \u201c<em>el hombre no razona en t\u00e9rminos binarios, no opera con unidades de informaci\u00f3n (los bits), sino mediante configuraciones intuitivas e hipot\u00e9ticas; adem\u00e1s, acepta datos imprecisos y ambiguos; act\u00faa no s\u00f3lo de modo enfocado, sino tambi\u00e9n lateralmente: no desde\u00f1a las digresiones, los m\u00e1rgenes de una situaci\u00f3n<\/em>\u201d.<a href=\"#_ftn3\" id=\"_ftnref3\">[3]<\/a> De puro fan\u00e1tico de la tecnolog\u00eda, Slezac obvi\u00f3 algo que conoce perfectamente: hay una diferencia sustancial entre nosotros y las m\u00e1quinas. Obvi\u00f3 tambi\u00e9n que, precisamente, si descansamos en ellas cada vez m\u00e1s, perdiendo de a poco lo que nos queda de humanos, m\u00e1s temprano que tarde, nada nos diferenciar\u00e1 de las m\u00e1quinas.<\/p>\n<p>Usar o no una bomba de agua era \u201cla\u201d cuesti\u00f3n para Rodolfo Kusch, quien cre\u00eda, como Heidegger, que de usarla, no hab\u00eda modo de no ser usado por ella. Hoy d\u00eda, no hay fuga hippie que nos salve: no hay afuera de la Matrix. Como advierte Benasayag desde hace a\u00f1os, ya estamos hibridados y no hay vuelta atr\u00e1s. La clave es encontrar el modo de no ser totalmente capturado. Lo importante: evitar que la m\u00e1quina nos limpie de un plumazo como hizo con Slezac, que seguro usa el Chat GPT como m\u00e9dico a distancia y como terapeuta.<\/p>\n<p>II.<\/p>\n<p>Cuando mam\u00e1 volv\u00eda del trabajo a\u00fan estaba en pie el Estado benefactor y las leyes laborales de la era industrial. A m\u00ed me toc\u00f3 vivir el intento de prolongar aquel oasis, la \u201cd\u00e9cada ganada\u201d, ef\u00edmera grieta en esta avanzada neoliberal que, desde el 76, no cesa. Ten\u00eda un salario digno, siempre por encima de la inflaci\u00f3n, que alcanzaba hasta para ahorrar, costumbre poco frecuente para un docente. La vida era m\u00e1s relajada. No dictaba, en promedio, ocho o diez horas de clase por d\u00eda. Con la mitad de cursos a cargo, llegaba con \u00e1nimo y energ\u00eda para el cuento de las buenas noches.<\/p>\n<p>A\u00fan hay quien pide un cuento y, a pesar de la degradaci\u00f3n en la calidad de vida, hay tambi\u00e9n qui\u00e9n lo da. No por mucho tiempo. La jornada laboral se extendi\u00f3 tanto que no queda espacio para el ocio por fuera de la \u00fanica guardiana de este dormir despiertos con \u201c<em>ojos ciegos bien abiertos<\/em>\u201d, la pantalla. El <em>Chat GPT,<\/em> <em>Youtube, Netflix<\/em> y<em> Tick-Tok<\/em> son el reverso de Sherezade: matan por goteo con sobredosis de ayuda desinteresada y est\u00edmulo permanente. Con trabajo a destajo y pantalla omnipresente, no hay lugar para contar historias, pensar si quiera, y mantener vivo rituales que nos unen, incluso, a nuestros seres queridos.<\/p>\n<p>Como las marchas populares, el cuento de las buenas noches es un ritual en v\u00edas de extinci\u00f3n. Lo que a\u00fan llamamos capitalismo es responsable. No el \u00fanico. No lloremos sobre leche derramada. Probemos ser pillos con la inteligencia artificial us\u00e1ndola de secretario o correveidile, de cart\u00f3grafo o ayuda-memoria, y no m\u00e1s.<\/p>\n<p>Si no hay deseo de trasmisi\u00f3n de una generaci\u00f3n a la siguiente ni necesidad de incluirnos como puente, no habr\u00e1 cultura. Suena dram\u00e1tico. Y lo es. Tengo miedo de que, a las generaciones que nos cabe esa tarea, nos importe poco el asunto y, como Slezac, descansemos m\u00e1s de la cuenta en la pantalla toda vez que alguien nos pide un cuento, una explicaci\u00f3n o hasta el nombre de un pr\u00f3cer o de una pel\u00edcula de anta\u00f1o. M\u00e1s que la memoria, hemos abandonado por qui\u00e9n vale la pena usarla.<\/p>\n<p>Un alumno, hoy docente, me contaba hace un par de a\u00f1os que un d\u00eda se dio cuenta de que hab\u00eda dejado de hacerle preguntas al padre. Encogi\u00e9ndose de hombros, reconoci\u00f3 que lo hab\u00eda reemplazado por <em>Google<\/em>.<\/p>\n<p>Como \u201cla caja boba\u201d, la inteligencia artificial no es la culpable de que se haya transformado en mucho m\u00e1s que una fuente de informaci\u00f3n. Somos nosotros quienes cada d\u00eda estamos m\u00e1s \u201c<em>aterradoramente inertes<\/em>\u201d.<a href=\"#_ftn4\" id=\"_ftnref4\">[4]<\/a><\/p>\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\">[1]<\/a> A prop\u00f3sito, somos gente rara. Nacimos en Am\u00e9rica, pero deseamos haber nacido en Europa. \u00daltimamente, somos m\u00e1s raros. Le cambiamos el nombre al d\u00eda de la raza en un acto de fingida descolonizaci\u00f3n, pero dicho cambio no hizo que honremos a los pueblos originarios, que siguen tan ausentes en nuestras pr\u00e1cticas y dise\u00f1os curriculares como hace d\u00e9cadas.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" id=\"_ftn2\">[2]<\/a> El investigador argentino Miguel Benasayag viene probando en estos a\u00f1os c\u00f3mo la persistente delegaci\u00f3n de funciones en aplicaciones y dispositivos aplana nuestro cerebro y nos vuelve cada d\u00eda m\u00e1s in\u00fatiles.\u00a0 Ver: Benasayag, M. <em>El cerebro aumentado, el hombre disminuido<\/em>, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2015.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" id=\"_ftn3\">[3]<\/a> Sibilia, P. <em>El hombre post-org\u00e1nico. Cuerpo, subjetividad y tecnolog\u00edas<\/em> digitales, Bs. FCE, 2006, pp. 121.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" id=\"_ftn4\">[4]<\/a> Este art\u00edculo es fruto del trabajo como parte del grupo \u201cA pesar de todo\u201d dirigido por Miguel Benasayag . Es, adem\u00e1s, parte de mi investigaci\u00f3n para el libro <em>Mam\u00e1, Per\u00f3n y Sarmiento: Educar en el Apocalipsis zombie<\/em>.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p><script>\n!function(f,b,e,v,n,t,s)\n{if(f.fbq)return;n=f.fbq=function(){n.callMethod?\nn.callMethod.apply(n,arguments):n.queue.push(arguments)};\nif(!f._fbq)f._fbq=n;n.push=n;n.loaded=!0;n.version='2.0';\nn.queue=[];t=b.createElement(e);t.async=!0;\nt.src=v;s=b.getElementsByTagName(e)[0];\ns.parentNode.insertBefore(t,s)}(window, document,'script',\n'https:\/\/connect.facebook.net\/en_US\/fbevents.js');\nfbq('init', '793616368409636');\nfbq('track', 'PageView');\n<\/script><br \/>\n<br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las [m\u00e1quinas] est\u00e1n inquietantemente vivas y, nosotros, aterradoramente inertes. 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