En el país de las vacas, la carne argentina es ajena. Mientras se privilegia la exportación, sin regulación ni incentivo al sector local, el alto costo en dólares y la menor oferta interna generó una crisis actual del sector que se refleja en el cierre de frigoríficos que se multiplica en el país en este 2026 como un virus sin solución. Un dato refleja el panorama: la oferta de carne vacuna hoy es de 62 kilos anuales por habitante. El más bajo en décadas. Y la población la está remplazando por otros productos como los huevos.
Detrás de los números hay personas que van quedando sin trabajo. En los últimos días, el frigorífico ArreBeef S.A desvinculó a casi 400 operarios tercerizados de su planta en Pérez Millán, partido de Ramallo. Los trabajadores, contratados a través del Grupo Ceta, alertaron que la suspensión es sin percepción de sus salarios. Y no hay certeza sobre cuándo retornarán a sus funciones.
Romina Rossi, concejala de Unión por la Plata en Pérez Millán, explicó a Tiempo que si bien la contratación en el frigorífico siempre tuvo altibajos en función de la producción y la estación del año, la desvinculación “nunca sucedió tan masivamente”. La planta pasó de tener una faena de 1500 animales, a una de 850 por día. Entre las razones que esgrime el frigorífico para explicar la caída del 40% figura el “aumento histórico del precio de animales». Pasaron de pagar entre el 2023 y 2024, alrededor de 2500 el kilo de novillo, a 4500 y 5000 pesos. «Es decir, lo que la empresa manifiesta es que no pueden comprar hacienda para poder faenar, la producción baja y tenemos a estos 400 trabajadores desvinculados laboralmente”, resume Rossi.
ArreBeef es una de las principales exportadoras de carne vacuna del país y uno de los mayores socios del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas ABC. Desde el Sindicato de la Carne, Cristian Cardozo explicó que “el negocio está dado vuelta puertas adentro para la Argentina”. El dólar bajo y el precio de hacienda generan una combinación crítica. Y mencionó que otros frigoríficos exportadores como Swift, Gorina, Rioplatense, Ciaber, Quickfood, están en la misma situación. En su mayoría, los trabajadores de Arrebeef son vecinos de la localidad. “La economía local se mueve por lo que mueve el frigorífico. Es la única empresa productiva que tenemos. Esto es un sacudón a la economía y la estabilidad de la comunidad –agregó Rossi–. El almacenero me decía ‘yo le vendía a los camioneros que venían al frigorífico, ahora me bajó la venta’. Empieza a hacerse todo un circuito de incertidumbre”.
Según datos del Indec, durante el 2025, las importaciones de carne vacuna superaron las 17.500 toneladas, 500% de incremento interanual. En paralelo, el rubro experimenta una reducción del stock ganadero. Según el último informe del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC), durante febrero la faena se ubicó en 924.000 cabezas, una caída del 9,3% en relación al mes anterior.
El caso Arrebeef no es aislado. El frigorífico Pico de La Pampa, productor de las hamburguesas Paty, también está en crisis. A mediados de febrero, la firma de la familia Lowenstein, confirmó el despido de 200 empleados en sus plantas de General Pico, Trenel y Arat. Se suman a los 450 desafectados en enero. En ese entonces, la empresa alegó la caída de la faena diaria de 600 a 50 vacunos, por “la crisis de la industria frigorífica”.
Situación similar se da en el Frigorífico Bernasconi, al sur pampeano. Reportó crisis y un conflicto laboral con más de 100 trabajadores, además de una deuda millonaria con proveedores. En el conurbano, la Ganadera San Roque, ubicada en Morón, cerró sus puertas días atrás y envió telegrama de despido a 50 de sus 140 trabajadores. Tras la negociación con el Ministerio de Trabajo bonaerense, se llegó a un acuerdo: la planta volvería a abrir y se preservarían los puestos de trabajo, tras una serie de retiros voluntarios. En un comunicado, el Municipio de Morón consideró que las dificultades responden a un “contexto económico complejo” producto de la baja “en las ventas a nivel nacional y la apertura importadora”. El temor a que vuelva a cerrar persiste, porque las condiciones macro no cambian.
R. Z.(se preserva la identidad por resguardo) trabaja en San Roque desde los inicios, hace 25 años. Fue uno de los 50 laburantes que recibió la carta documento. Está sentado a un costado de la Plaza de Morón, después de la protesta que protagonizaron frente a la sede del Ministerio de Trabajo, suelta: “Quieren que una persona haga el trabajo de dos”.
M. R. se había casado y estaba de licencia cuando le llegó el telegrama: «Tuve que suspender todo y venir a ver qué pasaba. Fue algo de no creer. Casi 10 años de trabajar para la misma empresa”. Es padre de dos chicos; “Uno de mis hijos tiene autismo y necesita la obra social… Uno no quiere estar en la calle molestando a nadie pero te llevan al límite de la desesperación. Y el miedo a perder el laburo te queda”.

Mientras tanto, el precio no para de subir
Rafael Jatil, secretario del Sindicato de la Carne seccional oeste, había advertido que el desenlace del conflicto con Ganadera San Roque en Morón resultaría un ensayo para el sector. Mientras tanto, al impacto de las importaciones y la baja del stock, hay que agregar el efecto del aumento de los precios al consumidor. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) relevó que el valor promedio de la carne subió más del 65% en 2025. Y este año arrancó con alzas profundas. Para la Cámara de la industria y Comercio de Carnes y Derivados, el consumo interno de carne vacuna experimentó un retroceso de 13 puntos entre enero de 2025 y de 2026, llegando a pisos históricos. Solo el mes anterior, el precio del kilo de asado tuvo un aumento del 5,6%, el kilo de cuadril y de nalga tuvieron un alza de 3,3%; carne picada común 3,1% y la paleta 2,6%. Carne para pocos en la Argentina.