La Idea, el último periódico de Argentina con impresión tipográfica que busca ser museo


El papel de diario está hecho para desaparecer. Su pulpa de madera tiene una acidez intrínseca que lo oxida, acelera el amarilleo y destruye sus fibras. Nadie lo fabrica para que persista en el tiempo ni permanezca inmutable. Sin embargo, en Cruz del Eje hay un periódico que lleva 102 años resistiendo esa condena.

La Idea es un periódico cordobés y fue el último del país —y uno de los pocos del mundo— en imprimirse de forma tipográfica, método que mantuvo hasta hace un par de años. Fue fundado el 9 de julio de 1923 por Nicolás Pedernera, cercano al movimiento anarquista, en Cruz del Eje, cabecera del departamento ubicada a 144 kilómetros de la capital provincial, en una región seca entre las sierras y las Salinas Grandes.

En 1957 asumió la dirección del diario Temístocles Pedernera, hijo del fundador, quien lo condujo hasta su muerte en 2004. Luego tomó la posta el abogado Dreyfo Álvarez que, junto a otros vecinos, conformó la Asociación Amigos de La Idea, una organización que hoy busca sostener la imprenta y convertirla en un museo.

La Idea, el último periódico de Argentina con impresión tipográfica que busca ser museo

Don Castro ya lo había advertido: cuando La Idea cumpliera 100 años, se retiraría. Carlos Ubelino Castro Cuello trabajó desde los 14 hasta sus 80 como imprentista tipográfico del periódico, un oficio extinto que sostuvo a pura voluntad. Había llegado buscando un ingreso para ayudar a la economía de su familia y nunca se fue.

La última tirada tipográfica fue en 2023. Hubo una reaparición en 2025 pero ya con impresión tradicional. Hasta entonces el periódico se editaba de manera mensual, sostenido por algunas publicidades y suscripciones. Tenía ocho páginas: las centrales se imprimían en offset en Córdoba Capital y las otras cuatro las realizaba Castro en la imprenta histórica. No dejó remplazos formales. Pero, a regañadientes y a cuentagotas, alcanzó a mostrarles a Soledad Rodríguez y a Sandra Daniel Juárez cómo funcionaban las máquinas.

Entrar a la casona de 1912, ubicada frente a los talleres del ferrocarril, es entrar a una imprenta de hace un siglo. En un pequeño espacio de paredes agrietadas y sin instalación eléctrica estable se distribuyen seis máquinas: una troqueladora, una engrampadora gigante, una prensa para diario doble oficio y tres Minerva, las más utilizadas desde finales del siglo XIX hasta la aparición de las prensas cilíndricas.

Letras de molde

“Está bueno que el oficio se conserve porque si no muere acá. Hay que tener paciencia para hacerlo”. Soledad Rodríguez habla pausado, como si midiera cada palabra, y tiene la calma justa para este oficio: “A mí la verdad es que todo me da curiosidad de aprender”.  Dos veces por semana se sienta frente a las máquinas y, entre intuición y algunos videos, hace pruebas de impresión. Primero hay que tener el texto. Después se abren las cajas tipográficas —los llamados “burros”— para encontrar los tipos adecuados: las letras de plomo. Hay montones de distintos tamaños y las palabras se arman al revés, de derecha a izquierda.

“Es lento porque si no conoces bien qué hay en cada cajón podés estar una hora buscando una palabra”, explica Rodríguez. En una pequeña pieza de metal se colocan las letras una por una hasta formar bloques de palabras que luego se acomodan en una página metálica. Hay que calcular espacios, márgenes y encuadres. Después la superficie se entinta. Y presionándolo, el papel recibe la impresión.

Entre los tipos también aparecen imágenes en metal: rostros de intendentes, escritores, reinas de la Fiesta Nacional del Olivo, paisajes del dique Cruz del Eje o publicidades de comercios de la zona. En esas páginas impresas durante décadas también quedó guardada la historia del pueblo.

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Un tesoro de noticias

Hace setenta años el periódico ya llegaba a la casa de los padres de Sonia Pinar. Cuando era chica, ella lo leía de atrás hacia adelante porque la última página estaba dedicada a sociales: cumpleaños, casamientos, defunciones y la sección de viajeros, donde Pedernera contaba adónde habían ido las familias del pueblo. Después repasaba las noticias nacionales y municipales.

La mayor parte de la historia de Cruz del Eje está contenida en este diario. Nosotros decimos que si no está en La Idea es porque no pasó”, cuenta Pinar, integrante de la asociación.

La Idea, el último periódico de Argentina con impresión tipográfica que busca ser museo

En 2010, durante una Junta Municipal de Historia, coincidió con otras dos docentes jubiladas: Graciela Gonano y María Cristina Cafure. A pedido de Dreyfo Álvarez comenzaron los rituales de los jueves para ordenar el archivo del periódico.

“Era un tesoro de noticias”, recuerda Gonano. En 2006 ella estaba terminando la licenciatura en Historia —una carrera que había interrumpido en los años ’70— y quería investigar sobre la resistencia de trabajadores de Cruz del Eje durante el golpe de Estado de 1955. Así empezó a hacer un camino entre la imprenta y su casa, llevando y trayendo diarios para revisarlos.

Cuatro años más tarde, Gonano seguía en el mismo lugar, pero ahora acompañada. Entre ejemplares sucios y amontonados encontraron algunos de 1924. Reliquias culturales. El trabajo fue minucioso: durante tres años y medio, todos los jueves de 9 a 12, ordenaron cronológicamente el archivo hasta reunir unos 2500 periódicos.

La Idea, el último periódico de Argentina con impresión tipográfica que busca ser museo

Hoy permanecen guardados en una planera —un mueble diseñado para almacenar documentos— a la espera de su digitalización, un proceso lento y costoso. “No había ningún criterio de conservación. Pasaba la gente a buscar diarios para envolver mercadería o para prender fuego. Hasta que no los pusimos en valor, nadie les dio valor”, subraya Gonano.

Lo que cuentan las páginas de La Idea

Mientras trabajaban, las noticias abrían conversaciones. En una edición de 1961, por ejemplo, encontraron la cobertura de la toma del ferrocarril que se extendió durante más de 40 días. El diario contaba cómo las mujeres del pueblo bajaban canastas con comida desde un bodegón hasta los talleres para sostener la protesta de los trabajadores. Otras veces las páginas devolvían historias más personales. En la sección de sociales Pinar encontró la nota del casamiento de sus padres. “La vida del pueblo está toda acá”, admite.

Con más de un siglo de historia, la línea editorial del periódico fue cambiando. En sus primeras décadas, bajo la dirección de Nicolás Pedernera, mantenía una posición vinculada al anarquismo. “Del ’58 al ’70 —con Temístocles al mando— funciona casi como un órgano de difusión del radicalismo. Hay números enteros con publicidad sobre cómo votar y dónde votar”, explica Gonano. Con la dirección de Dreyfo Álvarez, desde 2013, el periódico se alejó de esa línea y empezó a abrir sus páginas a otras voces mientras se consolidaba la Asociación Amigos de La Idea.

Juan Mazzeo, actual presidente de la asociación, cuenta que el objetivo es escriturar el edificio donde funciona la imprenta y ponerlo en condiciones para preservar el archivo y convertirlo en museo. También buscan mantener en funcionamiento las máquinas para hacer impresiones artesanales de tarjetas, folletos y volantes. “Es un edificio que por momentos parece que se viene abajo, pero sigue vivo. Es una máquina del tiempo”, esboza. En Cruz del Eje, donde el papel estaba hecho para desaparecer, todavía hay quienes aprenden a imprimirlo letra por letra. «

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La amistad con Illia

Temístocles Pedernera, director del periódico La Idea, era amigo de Arturo Umberto Illia, quien vivió y ejerció como médico en Cruz del Eje antes de ser presidente por el radicalismo entre 1963 y 1966, en épocas de peronismo proscripto.
Para su asunción, el 12 de octubre de 1963, La Idea publicó una edición especial. Miles de ejemplares viajaron en camión desde Córdoba hasta Plaza de Mayo, los cuales fueron repartidos durante los festejos. “Una quijotada de tierra adentro”, afirmó en su momento Ricardo Balbín.

Del archivo en papel a la digitalización pausada

El proceso de digitalización de La Idea no empezó en una computadora sino en una mesa. Durante años, integrantes de la Asociación Amigos de La Idea ordenaron, limpiaron y clasificaron miles de ejemplares acumulados sin criterios de conservación. El trabajo permitió reunir cerca de 2500 periódicos y dimensionar el valor histórico del archivo.

A partir de esa tarea, se articuló un vínculo con la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), a través de la Facultad de Filosofía y Humanidades. La docente e investigadora Andrea Giomi, de la cátedra de Preservación y Conservación de Documentos, elaboró un proyecto que permitió formalizar el trabajo conjunto con la Escuela de Archivología y el Archivo Histórico de la Provincia. Acompañada por estudiantes y equipos de extensión, brindó las pautas necesarias para la conservación del material. La intervención no comenzó con la digitalización, sino con un diagnóstico del estado del archivo, capacitaciones, tareas de limpieza, guardado en materiales adecuados y primeras instancias de catalogación.

La pandemia interrumpió el trabajo presencial, aunque el vínculo institucional se mantuvo. Recién después se proyectó la digitalización como forma de preservar y dar acceso al archivo. Sin embargo, el proceso hoy está en pausa. La falta de financiamiento afecta la continuidad del trabajo con la UNC y retrasa la digitalización completa. Mientras tanto, los ejemplares permanecen resguardados, a la espera de recursos que permitan retomar el proyecto y evitar que el tiempo borre lo que durante más de un siglo quedó impreso en papel.

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